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viernes, 29 de mayo de 2026

Hoy arrancan dos semanas de libros, firmas y casetas: 85ª edición de la Feria del Libro de Madrid

 Me invade una felicidad enorme cada año cuando me siento en este rincón a compartiros el que es para mí uno de los eventos más importante de la vida madrileña: La Feria Libro. Una feria que durante 15 días pone a Madrid en el foco de la cultura y el arte en el Parque de El Retiro, haciendo magia.


La magia de acercar a los y las lectoras a esos autores o autoras que nos acompañan en nuestro día a día, y gracias a las cuales, conocemos, vivimos, viajamos, lloramos, reímos... gracias a las letras que decidieron escribir.

Se suele reivindicar la Feria del Libro de Madrid como un lugar de encuentro, el sitio que compartes con quien no piensa ni lee como tú, donde buscas textos que no necesariamente te dan la razón. Es también un espacio de humor, mejor aún, de buen humor: leer y reírse son formas de resistencia, los libros nos ayudan a estructurar nuestro pensamiento crítico y el humor, a forjar «la coraza con la que uno se defiende en este valle de lágrimas» (por usar una expresión de Cela).

Sin embargo, en el país de Cervantes (al decir de Francisco Rico, el español más influyente por haber hecho reír a lo largo de más de cuatrocientos años), la literatura que marida con el humor no siempre ha disfrutado de buena prensa. Según Fernando Iwasaki, «innúmeros editores, críticos y lectores confunden la ironía con el chiste y la paradoja con la mala leche». Como si la seriedad solo pudiera ser campanuda y la buena literatura, lóbrega; como si todo lo humorístico llevara colgando la etiqueta de «bagatela», o «divertimento».

A la mayoría de los autores les sucede como a Rafael Reig, que no les interesa «la literatura que es sólo de humor, al menos como literatura, porque depende de un efecto corporal. Pero sin humor no hay literatura ni vida». En su opinión, toda la literatura tiene humor (si no lo tiene, sentenció Caballero Bonald, es un sermón), pero si únicamente tiene humor es otra cosa.

El humor, esa cosa tan seria. En la dosis adecuada, es «el anestésico que nos permite meter el dedo hasta el fondo de la llaga» (versión Marta Sanz); la vaselina (versión Rosa Belmonte) con la que «cualquier cosa entra mejor». Incluso las ganas de pensar, que el dogmatismo no se combate solo con textos solemnes.

La FLMadrid26 estará iluminada por el humor escrito de mil maneras, en idiomas y con acentos diferentes, con múltiples propósitos.

No se trata de explicar el chiste, el humor huye de corsés, etiquetas y definiciones, se disfruta más a puerta gayola, pero procuraremos saber por qué nos une y al tiempo nos separa, dado que no todos reaccionamos igual ante una misma ocurrencia y visto que traducirlo es un ejercicio de alto riesgo.

Saber también cómo surge. A Cristina Fernández Cubas el humor se le «aparece cuando le da la gana», no sabe cómo convocarlo; eso sí, cuando asoma «porque la situación o los personajes lo han requerido, escribir se convierte en una fiesta». Jorge Ibargüengoitia se limitaba a presentar la realidad según la veía, y se ponía en guardia cuando le señalaban que sus textos hacían reír: «en el supuesto de que sea benéfico que la gente se ría, se puede lograr el mismo efecto con solo hacerse cosquillas unos a otros, sin que yo tenga que molestarme escribiendo».

Unos días que a mi me recuerdan a mi madre y la pasión heredada de ella con los libros. No había Feria que no fuéramos juntas, ni libro que no compartiéramos, y eso a día de hoy, conviviendo con su deterioro cognitivo es lo único que me alivia a tanto dolor y sentimiento de perdida.

Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras y nos vemos por las casetas de la Feria.

:) :) :) :) :)


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