Powered By Blogger

lunes, 27 de julio de 2026

El adjetivo que lo describe se queda bastante corto: Historia de un canalla de Julia Navarro

 Buenos días a todos y todas. Este primer lunes de vacaciones oficiales de verano he querido sacar algo de tiempo para volver a este rincón tan especial y necesario para mí. Un lugar de compartir y sobre todo de ser yo misma, en mis altos y como en estos momentos de mi vida, en mis bajos muy pronunciados y dolorosos. La última vez que me senté por aquí hace unas semanas os conté algo muy personal y durante todos estos días, me he priorizado. He priorizado como estoy, como me siento y no he hecho nada que no me saliera del alma o me apeteciera, por lo que escribir aquí era más una obligación la cuál no estaba dispuesta a asumir y solo pensaba volver cuando de verdad lo echará de menos.

Esta mañana se me olvido parar la alarma de fichar por lo que a las 9 de la mañana medio sopa este rincón ha venido a mi cabeza y he pensado... cuando me levanté antes de ir a nadar, escribo un rato.Y como soy una animala de costumbres y hoy es lunes, os quiero dejar por aquí uno de los últmos libros que han pasado por mis manos estos meses. Unos meses en los que leer ha sido un ejercicio muy complicado, llegando a cerrar el libro que llevaba en el bolso sin plazo de volver a abrirlo. 

"Thomas Spencer sabe cómo conseguir todo lo que desea. Una salud delicada es el precio que ha tenido que pagar por su estilo de vida, pero no se lamenta por ello. Sin embargo, desde su último episodio cardíaco, una sensación extraña se ha apoderado de él y en la soledad de su lujoso apartamento de Brooklyn, se suceden las noches en que no puede evitar preguntarse cómo habría sido la vida que conscientemente eligió no vivir.

El recuerdo de los momentos que le llevaron a triunfar como publicista y asesor de imagen, entre Londres y Nueva York en los ochenta y noventa, nos descubre los turbios mecanismos que en ocasiones emplean los centros de poder para conseguir sus fines. Un mundo hostil, gobernado por hombres, en el que las mujeres se resisten a tener un papel secundario".



Este libro con el que inauguro la semana me lo leí gracias a la insistencia de mi tía Ester. Y me preguntó ¿Por qué no lo había hecho antes con lo que me gusta Julia Navarro?

Pues no se muy bien que contestar, porque primero no le tenía y luego es que hay veces que libros que son con tantas páginas me los dejo para cuando estoy de vacaciones, pero como os decía en el anterior párrafo, mi tía me había insistido y dejado. Y la sorpresa y golpe en la cara que me lleve ya en las primeras 50 páginas fue increíble.


Canalla se queda corto para definir la personaje de Thomas, un tipo al que podría definir como un hombre sin ningún tipo de empatía, ningún sentimiento ni emoción buena le recorren el cuerpo que él mismo odia, salvo el rencor, la envidia y un odio latente en las más de 800 páginas de una novela inmensa.


La historia de un tipo que no quiere a nadie, me aventuraría hasta decir ni a él mismo. Que crece en la envidia, el rencor y la maldad, acompañándole toda la vida y haciendo de él un tipo realmente detestable.


Y para no haceros ningún spoiler sino lo habéis leído dejo una pregunta en el aire ¿La maldad en heredable?


Desconozco si lo habéis leído pero de no ser así, ponerlo en vuestras manos porque es un viaje por la maldad más absoluta y las últimas 50 páginas una poesía, dejando un final muy abierto en el que la libre interpretación juega un papel vital.


Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras y si lo habéis leído o lo leéis contarme que os ha parecido y sobre todo cuál es vuestra opinión sobre el final. Yo de momento me despido de vosotros y vosotars hasta mañana que me sentaré a hablaros de una mujer :) :) :) :) :)



jueves, 9 de julio de 2026

Aceptando, respirando y aprendiendo con tristeza pero llena de amor

El pasado 13 de junio fue la última vez que me senté por este rincón para compartir con vosotros y vosotras los estrenos de cartelera que llegaban a los cines. Desde ese viernes he vivido en una noria de emociones al límite que ni me ha dado tiempo a sentarme por aquí y cuando lo he tenido, sinceramente este bendito rincón que me ha salvado en infinitud de ocasiones desde hace 16 años, no he querido subir un espacio vacío de contenido.

Quizás para comenzar a escribir a este post de hoy debería remontarme a noviembre de 2020 cuando fui a quitarme una muela del juicio en la Universidad Odontológica cerca de casa. Al salir de allí con las mascarillas y de la mano de mi madre, ésta no supo donde estábamos. Al principio lo achacamos a la vista la cuál había perdido casi del todo hacia semanas, pero con el paso del tiempo en casa, mi marido y yo sin decirlo en alto, sabíamos que para mi inmenso e inexplicable dolor el deterioro cognitivo había llegado a la vida de mi madre, con solo 61 años.

Una mujer que jamás había estado enferma y que comenzó a tener problemas de salud muy graves, haciendo que cada achaque fuera un golpe para esa memoria que se resentía y que ella trataba de esconder con excusas reconocibles para quienes como nosotras ya habíamos vivido muchos años de nuestra vida con la yaya y ese alzheimer horrendo que la acompaño hasta el 2018 que falleció.

En noviembre del 2021 fuimos a Neurología de la Fundación Jiménez Díaz y el diagnóstico fue claro, no se le puede poner nombre porque todas las pruebas son visuales pero la demencia se había instalado en la vida de mi madre, David y mía. No se poner palabras a ese inmenso dolor que se me agarró en el pecho, estaba enfada, rabiosa, triste... no podía parar de llorar y ahí subiendo la Calle Amparo de Madrid para entrar en mi anterior trabajo habiendo hablado con mi amiga Nuria y Lore, me sonó el teléfono, Cruz Roja me cogía para empezar a comienzos del año 2022.

Una llamada que me hacía inmensamente feliz pero a la vez pasaba a un segndo plano, porque lo que me asfixiaba era pensar lo que estaba por venir. A día de hoy continuo muy enfadada con la vida porque no puedo entender el porqué ni porqué ha sido mi madre. Algo a lo que nunca le podré poner ninguna explicación.

Gracias al destino, mi vida laboral cambió, pudiendo tener un trabajo que me hace muy feliz y en el que me siento bien retribuida tanto a nivel salarial como personal, y que además me ofreció un abanico de permisos y palabras de alivio por el que era mi Coordinador en esos momentos para que me relajará y que lo único que me importará fuera el bienestar de mi madre. Los años 2022 y 2023, fueron muy duros, con muchos ingresos, operaciones, amputaciones... y esa memoria que cada vez se iba olvidando de más y más cosas.

Llegó el 2024, la afiliación a la ONCE y el tener que comenzar a tramitar los papeles de la discapacidad y la dependencia, la primera, todavía después de dos años sin hacerla la primera evaluación. Y es que sí Madrid es la ciudad de la libertad y la asfixia para quiénes tenemos familiares a nuestro cargo. Pero también llegó a nuestras vidas una mujer que ha sido una pieza fundamental en nuestro puzzle familiar, sin la que trabajar habría sido imposible y que gracias a ella, David hemos podido tener momentos de Ocio, salidas y hasta poder viajar sabiendo que en casa, mi madre estaba con ella. No os voy a decir su nombre por respeto a su privacidad, pero todos estos años sin ella habrían sido un completo infierno, le agradezco muchísimo lo feliz y bien atendida y cuidada que ha estado mi madre a su cargo.

Días antes de mi boda, el 5 de julio del año pasado, llegó el Centro de Día, la Teleasistencia y el Servicio de Ayuda a Domicilio. Pero este último año ha sido una bomba de relojería constante, naciendo cada día una nueva necesidad en mi madre, muchos agobios y lágrimas infinitas en los brazos de mi marido, porque la situación ha habido muchos momentos que me podía.

Después de dejarme el cerebro frito de pensar y siempre teniendo muy presente las miles de conversaciones que he tenido la suerte de tener con mi madre durante toda mi vida, tome la dolorosa decisión, de que todos esos recursos se quedaban cortos ante sus necesidades, por lo que solicité plaza en una residencia de la Comunidad de Madrid. Una plaza que solicite en noviembre y que a día de hoy, con mi madre viviendo desde ayer nadie me ha confirmado ni en un triste email.

Han sido unos días que no os podía describir porque ha habido ratos que he sentido que estaba viendo una película desde fuera. Todo esto coincidiendo con el viaje a Dublin que teníamos organizado desde octubre del año pasado y del que gracias a ese ángel que ha estado en casa, hemos podido realizar, con un mezclado de emociones y sentimientos que explotaron el sábado pasado volviendo a ver en Take That en el estadio Aviva.

Pero como todos los viajes tienen un final y yo sabía que la vuelta implicaba el nuevo rumbo en la vida de mi madre. Un ingreso que llegó ayer 8 de julio y con el que siento una tristeza tan profunda, además de una enorme soledad. Se que no lo estoy como me lo está demostrando la gente que me quiere y con la que he compartido estas semanas, pero en el fondo de mí, de aquella niña que solo deseaba meterse en la cama con su madre todas las mañanas y hacer nuestro "culito con culito", me siento muy sola, con un hueco enorme en mi día a día, porque mi madre ha sido y es mi todo, mi maestra de vida. Llevo gran parte de mi vida viviendo con ella, y soy, pienso, creo y existo gracias a ella y al esfuerzo que ha hecho por criarme, que jamás me faltará de nada y darme una educación y valores que habitan en mí y que trato de tener muy presentes en estos días, porque lo que aquella niña siempre deseo fue que nunca ella sintiera vergüenza de mi. Y a mis 42 años, espero no olvidarme nunca de todo lo que me ha enseñado y sigue enseñando, porque esa mujer frágil, con la mirada más dulce y azul del mundo sigue siendo mi madre y hasta en los momentos más duros de esa memoria dolorida, me enseña, acompaña y consuela. Ayer me cogió de la mano y me dijo: Naty, hija tú no llores, se fuerte, vive tu vida, te quiero.

Creo que la vida nos puede dar muchos golpes pero jamás pensé que con menos de 40 años comenzaría a ver a mi madre deteriorarse, un golpe que no me vi venir y para el que con todo lo pasado sigo sin estar preparada para gestionar, porque me causa un daño tan profundo que siento dolor, dolor físico en el pecho. Estoy triste y solo me sale llorar, llorar sin parar, sin consuelo, pensando cuando cuando abra los ojos toda esta situación se abra esfumado. Pero para mi pena, esta situación no va a cambiar, mi madre vive en un residencia y yo debo comenzar a vivir un nuevo duelo en el que aprender a vivir con lo que estoy viviendo y me tocará vivir.

Lo "mejor" de todo esto que estos días es no haberme sentido sola, haber sabido tener la capacidad de verbalizar lo mal que me encuentro, algo impensable en la Natalia de hace 6 años. Y sentirme acompañada y muy querida, tanto por mi marido que es lo mejor que la vida me pudo poner en el camino, como por parte de mi familia de vida y elegida. Amigas de siempre que saben la relación tan especial que me une con mi madre y todo el terremoto que ha provocado y las que no hace falta conocer desde hace siglos pero que están sabiendo estar a mi lado, respetando mis tiempos, silencios y lloros. Y jolines, mis compañeras de trabajo de las que solo recibo cariño y oídos porque he vivido unos meses muy estresantes donde muchas tardes he acabado llorando con ellas al final de una larga jornada y ninguna de las dos ha mirado el reloj nunca para irse a casa, solo han estado sentadas a mi lado, me han cogido la mano y me han dejado llorar sin filtros. Y para alguien tan hermética como yo cuando no me encuentro bien, ha sido un alivio enorme. 

¿Y ahors qué? 

Aprender a vivir con la decisión acertada que he tomado porque siento que mi madre va a tener los cuidados y atenciones que debe en su estado durante todo el día.

Aprender a dejar que mi día a día gire en torno a las necesidades de mi madre.

Aprender a vivir sin tenerla todos los días al lado.

Aprender a sentir que aunque la memoria se detenga, el corazón no entiende de esas cosas, y el mi madre y mío siempre ha estado unido desde que nací. Y su cara cuando oye mi voz es algo a lo que no puedo poner nombre.

Aprender a cuidarme un poco porque estaba tan centrada en ella, que me he olvidado por completo de mi Crohn, Espondilitis y necesito dejar los brotes de lado.

Aprender a poder hablar de esto sin llorar.

Aprender a canalizar el enfado, la rabia, la ira y la tristeza.

Aprender a pedir ayuda, porque la necesito.

En definitiva aprender que aunque mi madre siempre va a estar en mi vida, porque la residencia no es el fin, y yo voy a seguir estando en el día a día de mi madre y es un lujo que no me voy a perder, porque nos siguen quedando momentos, anécdotas, risas, besos y amor.

No se si nunca os he contado pero mi madre cuando se caso con mi padre fue tan chula que en la Iglesia de su colegio de toda la vida cuando entraba en ella del brazo de mi yayo, puso una canción de ABBA. ABBA en una iglesia!!! Así ha sido y es ella, una mujer increíble en cada pequeño detalle, así que solo quiero despedirme con esa canción que canturrea en el coche y que me lleva acompañando desde que tengo memoria.