Desde que comencé esta aventura bloguera hace más de 16 años, siempre he pretendido ser lo más sincera que la diplomacia permite, compartiendo con vosotros y vosotras mis momentos más altos, pero también los más bajos y dolorosos.
Este verano os compartí que mi madre había comenzado a vivir en una residencia porque desde que el Alzheimer apareció. Todo en nuestra vida fue llendo marcha atrás y necesitábamos un sitio donde ella estuviera cuidada y mi marido y yo pudiéramos tener una vida en la que lo más simple como ir a bajar a comprar el pan un fin de semana no fuera un reto, dado que mi madre ya había llegado al punto de la enfemerdad en la que no se puede quedar sola.
Están siendo unos meses muy intensos donde he pasado del llanto más explosivo y doloroso a la sonrisa más amable cuando hace unos días dando un paseo cuando mi madre me dijo que era feliz donde estaba viviendo y que sentía paz y calma. Unas palabras que me guardo en los más hondo, porque han sido y siguen siendo muchas las dudas sobre si la decisión ha sido la correcta, que se que sí, pero oirla esas palabras, que salieran de ella sin que yo la dijera nada, me hacen sentir algo más de alivio.
En estas semanas en las que la veo y oigo, con esa voz y actitud cada día más infantil ha habido una pregunta que me ha venido a la cabeza y me persigue, porque si yo lo estoy pasando mal con su alzheimer, ella que cuidado de su madre -mi abuela- hasta el último día ¿Cómo lo vivió?
Se que puede sonar ridículo pero ella nunca se ha quejado, ni ha dicho una palabra fea, todo lo hacía con amor y respeto a la yaya, pero ahora me paro a pensar en lo duro que tuvo que ser para ella ver deteriorarse a su madre y no poder hacer nada por evitarlo, solo cuidarla lo mejor que sabía y tratar de darla una vida feliz.
Un vida feliz para la yaya que no para ella, porque el deterioro físico y emocional de mi madre durante esos años fue algo plausible que todos y todas las que estábamos con ella vimos, pero yo no pensé en lo que ella estaba sintiendo. Mi madre y yo siempre hemos tenido una relación cercana, de mucha comunicación y nunca me dijo nada y lo que es peor yo nunca la pregunte y eso es algo que me hace sentir muy mal.
Siempre hemos hablado de como se encontraba y yo la hacía participe de como la veía y lo preocupada que me tenía que estuviera días y días sin dormir, pero solo hablabamos de lo físico nunca de lo emocional, de lo que ella sentía, de como vivía ese alzheimer de su madre, y eso es un sentimiento de culpa que creo que me va a acompañar siempre.
Nunca mi cabeza se planteó lo que yo siento ahora en este momento cuando la veo. La acompañe siempre, viviendo con ellas y ayudándolas en todo lo que podía pero al fin de al cabo la que entregó su vida a los cuidados de la yaya fue ella. Yo vivía mi vida aunque a su lado, pero hacia mis planes,tenía mi pareja, mis amigos, pero quien estaba con la yaya cada noche era ella. Y la que siempre se quiso hacer responsable fue ella, dejándose ayudar en pocas ocasiones.
La vida por desgracia nos tenía reservada la desagradable sorpresa de que volveríamos a vivir lo mismo pero con ella, y sinceramente no estaba preparada. Es cierto que viví la enfermedad de mi yaya desde el primer día, cambiando mi vida por estar con ellas, pero nunca sentí el dolor y la soledad que siento en estos momentos de mi vida. Mi madre me hace tanta falta, hay tantas cosas que me gustaría hablar y compartir con ella que en muchas ocasiones no se por donde tirar. Con ella habló a diario y la veo los fines de semana, la cuento todo lo importante, pero en el fondo siento que se lo cuento por mi porque la alegría de contarla alguna cosa se diluye al segundo, cuando esa cabeza ya no está conmigo. Y si yo me siento así ¿Cómo se sintió ella?
Por desgracia es algo que jamas llegaré a saber pero en este post de sinceridad y corazón aierto, quiero agradecer a mi marido que sea mi lugar seguro, mi familia, mi refugio, mi casa. Con él se que puedo ser y estar y eso en estos meses de mi vida me está ayudando más de lo que él cree.
Nunca viváis vuestros dolores solos o solas, vivirlos en compañía de quienes os quieren, no os escondáis y dejaros acompañar, porque aunque parezca mentira algunas veces es más fácil.
Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras y gracias por leerme :)

















