El pasado 13 de junio fue la última vez que me senté por este rincón para compartir con vosotros y vosotras los estrenos de cartelera que llegaban a los cines. Pero desde ese viernes he vivido en una noria de emociones al límite que ni me ha dado tiempo a sentarme por aquí y cuando lo he tenido, sinceramente este bendito rincón que me ha salvado en infinitud de ocasiones desde hace 16 años, no he querido subir un espacio vacío de contenido.
Quizás para comenzar a escribir a este post de hoy debería remontarme a noviembre de 2020 cuando fui a quitarme una muela del juicio en la Universidad Odontológica cerca de casa, y al salir de allí con las mascarillas y de la mano de mi madre, ésta no supo donde estábamos. Al principio lo achacamos a la vista la cuál había perdido casi del todo hacia semanas, pero con el paso del tiempo en casa, mi marido y yo sin decirlo en alto, sabíamos que para mi inmenso e inexplicable dolor que el deterioro cognitivo había llegado a la vida de mi madre, con solo 61 años.
Una mujer que jamás había estado enferma de nada y que comenzó a tener problemas de salud muy graves, haciendo que cada achaque fuera un golpe para esa memoria que se resentía y que ella trataba de esconder con excusas reconocibles para quienes como nosotras ya había vivido muchos años de nuestra vida con la yaya y ese alzheimer horrendo que la acompaó hasta el 2018 que falleció.
En noviembre del 2021 fuimos a Neurología de la Fundación Jiménez Díaz y el diagnóstico fue claro, no se le puede poner nombre porque todas las pruebas son visuales pero la demencia se había instalado en la vida de mi madre, David y mía. No se poner palabras a es inmenso dolor que se me agarró en el pecho, estaba enfada, rabiosa, triste... no podía parar de llorar y ahí subiendo la Calle Amparo de Madrid para entrar en mi anterior trabajo habiendo hablado con mi amiga Nuria y Lore, me sonó el teléfono, Cruz Roja me cogía par comenzar a comienzos del año 2022.
Una llamada que me hacía inmensamente feliz pero a la vez pasaba a un segndo plano, porque lo que me asfixiaba era pensar lo que estaba por venir. A día de hoy continuo muy enfadada con la vida porque no puedo entender el porqué ni porqué ha sido mi madre. Algo a lo que nunca le podré poner ninguna explicación.
Gracias al destino, mi vida laboral cambió, pudiendo tener un trabajo que me hace muy feliz y en el que me siento bien retribuida tanto a nivel salarial como personal, y que además me ofreció un abanico de permisos y palabras de alivio por el que era mi Coordinador en esos momentos para que me relajará y que lo único que me importará fuera el bienestar de mi madre. Los años 2022 y 2023, fueron muy duros, con muchos ingresos, operaciones, amputaciones... y esa memoria que cada vez se iba olvidando de más y más cosas.
Llegó el 2024, la afiliación a la ONCE y el tener que comenzar a tramitar los papeles de la discapacidad y la dependencia, la primera de ella, todavía después de dos años sin hacerla la primera evaluación. Y es que sí Madrid es la ciudad de la libertad y la asfixia para quiénes tenemos familiares a nuestro cargo. Pero también llegó a nuestras vidas una mujer que ha sido una pieza fundamnetal en nuestro puzzle familiar, sin la que trabajar habría sido imposible y que gracias a ella, David hemos podido tener momentos de Ocio, salidas y hasta poder viajar sabiendo que en casa, mi madre estaba con ella. No os voy a decir su nombre por respeto a su privacidad, pero todos estos años sin ella habrían sido un completo infierno, le agradezco muchísimo lo feliz y bien atendida y cuidada que ha estado mi madre con ella.
Días antes de mi boda, el 5 de julio del año pasado, llegó el Centro de Día, la Teleasistencia y el Servicio de Ayuda a Domicilio. Pero este último año ha sido una bomba de relojería constante, naciendo cada día una nueva necesidad en mi madre, muchos agobios y lágrimas infinitas en los brazos de mi marido, porque la situación ha habido muchos momentos que me podía.
Después de dejarme el cerebro frito de pensar y siempre teniendo muy presente las miles de conversaciones que he tenido la suerte de tener con mi madre durante toda mi vida, tome la dolorosa decisión, de que todos esos recursos se quedaban cortos ante sus necesidades, por lo que solicité plaza en una residencia de la Comunidad de Madrid. Una plaza que solicite en noviembre y que a día de hoy, con mi madre ingresada desde ayer nadie me ha confirmado ni en un triste email.
Han sido unos días inexplicables, porque ha habido ratos que he sentido que estaba viendo una película de fuera. Todo esto coincidiendo con el viaje a Dublin que teníamos organizado desde octubre del año pasado y del que gracias a ese angel que ha estado en casa, hemos podido realizar, con un mezclado de emociones y sentimientos que explotaron el sábado pasado volviendo a ver en Take That en el estadio Aviva.
Pero como todos los viajes tienen un final y yo sabía que la vuelta implicaba el ingreso de mi madre. Un ingreso que llegó ayer 8 de julio y con el que siento una tristeza tan profunda, además de una enorme soledad. Se que no lo estoy como me lo está demostrando la gente que me quiere y con la que he compartido estas semanas, pero en el fondo de mí, de aquella niña que solo deseaba meterse en la cama con su madre todas las mañanas y hacer nuestro "culito con culito", me siento muy sola, con un hueco enorme en mi día a día, porque mi madre ha sido y es mi todo, mia maestra de vida. Llevo gran parte de mi vida viviendo con ella, y soy, pienso, creo y existo gracias a ella y el esfuerzo que ha hecho por criarme, que jamás me faltará de nada y darme una educación y valores que habitan en mí y que trato de tener muy presentes en estos días, porque lo que aquella niña siempre deseo fue nunca que ella sintiera verguenza de mi. Y a mis 42 años, espero no olvidarme nunca de todo lo que me ha enseñado y sigue enseñando, porque esa mujer frágil, con la mirada más dulce y azul del mundo sigue siendo mi madre y hasta en los momentos más duros de esa memoria dolorida, me enseña, acompaña y consuela. Ayer me cogió de la mano y me dijo: Naty, hija tú no llores, se fuerte, vive tu vida, te quiero.
Creo que la vida nos puede dar muchos golpes pero jamás pensé que con menos de 40 años comenzaría a ver a mi madre deteriorarse, un golpe que no me vi venir y para el que con todo lo pasado sigo sin estar preparada para gestionar, porque me causa un daño tan profundo que siento dolor, dolor físico en el pecho, éste está triste y solo me sale llorar, llorar sin parar, sin consuelo, pensando cuando cuando abra los ojos toda esta situación se abra esfumado. Pero para mi pena, esta situación no va a cambiar, mi madre vive en un residencia y yo debo comenzar a vivir un nuevo duelo en el que aprender a vivir con lo que estoy viviendo y me tocará vivir.
Lo "mejor" de todo esto que estos días es no haberme sentido sola, haber sabido tener la capacidad de verbalizar lo mal que me encuentro, algo impensable en la Natalia de hace 6 años. Y sentirme acompañada y muy querida, tanto por mi marido que es lo mejor que la vida me pudo poner en el camino, como por parte de mi familia de vida y elegida. Amigas de siempre que saben la relación tan especial que me une con mi madre y todo el terremoto que ha provocado y las que no hace falta conocer desde hace siglos pero que están sabiendo estar a mi lado, respetando mis tiempos, silencios y lloros. Y jolines, mis compañeras de trabajo de las que solo recibo cariño y oídos porque he vivido unos meses muy estresantes donde muchas tardes he acabado llorando con ellas al final de una larga jornada y ninguna de las dos ha mirado el reloj nunca para irse a casa, solo han estado sentadas a mi lado, me han cogido la mano y me han dejado llorar sin filtros. Y para alguien tan hermética como yo cuando no me encuentro bien, ha sido un alivio enorme.
¿Y ahors qué?
Aprender a vivir con la decisión acertada que he tomado porque siento que mi madre va a tener los cuidados y atenciones que debe en su estado durante todo el día.
Aprender a dejar que mi día a día gire en torno a las necesidades de mi madre.
Aprender a vivir sin tenerla todos los días al lado.
Aprender a sentir que aunque la memoria se detenga, el corazón no entiende de esas cosas, y el mi madre y mío siempre ha estado unido desde que nací. Y su cara cuando oye mi voz es algo a lo que no puedo poner nombre.
Aprender a cuidarme un poco porque estaba tan centrada en ella, que me he olvidado por completo de mi Crohn, Espondilitis y necesito dejar los brotes de lado.
Aprender a poder hablar de esto sin llorar.
Aprender a canalizar el enfado, la rabia, la ira y la tristeza.
Aprender a pedir ayuda, porque la necesito.
En definitiva aprender que aunque mi madre siempre va a estar en mi vida, porque la residencia no es el fin, y yo voy a seguir estando en el día a día de mi madre y es un lujo que no me voy a perder, porque nos siguen quedando momentos, anécdotas, risas, besos y amor.
No se si nunca os he contado pero mi madre cuando se caso con mi padre fue tan chula que en la Iglesia de su colegio de toda la vida cuando entraba en ella del brazo de mi yayo, puso una canción de ABBA. ABBA en una iglesia!!! Así ha sido y es ella, una mujer increíble en cada pequeño detalle, así que solo quiero despedirme con esa canción que canturrea en el coche y que me lleva acompañando desde que tengo memoria.

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