En una de las salas del Museo del Prado nos encontramos ante el luminoso y enorme cuadro que os siento este sábado y que es uno de los favoritos de mi marido: El fusilamiento de Torrijos y sus compañeros en las playas de Málaga de Antonio Gisbert. Un cuadro de grandes dimensiones con una historia detrás.
A principios de 1886 el gabinete liberal de Práxedes Mateo Sagasta, durante la regencia de María Cristina de Habsburgo-Lorena, encargó, a Antonio Gisbert, el cuadro que se convirtió en “un elemento simbólico del proceso de la construcción de la nación española, de un modo independiente y opuesto a la vertiente más conservadora, abordada por la derecha a través de sus ideólogos, el más destacado de los cuales fue Marcelino Menéndez Pelayo”, según explica Javier Barón en su libro Una Pintura para una Nación. Sagasta quería que sirviera de símbolo de lucha por la libertad.
En el Fusilamiento de Torrijos se producía la unión del pueblo con la burguesía revolucionaria, que había sido la base del triunfo del Sexenio. El gobierno liberal de Sagasta recordaba con esta obra los valores que habían hecho posible la derrota final del absolutismo y la construcción de una nación regida por la voluntad popular a través de las Cortes.
Gisbert realizó la pintura en su estudio de la calle de la Bruyère de París a los cincuenta y tres años, ya en plena madurez de su carrera.
Una obra maestra de toda la producción de Gisbert, este impresionante cuadro es también una de las indiscutibles y más bellas cumbres alcanzadas por el género histórico en España durante el antepasado siglo. Constituye además uno de los grandes manifiestos políticos de toda la historia de la pintura española en defensa de la libertad del hombre aplastada por el autoritarismo, siendo uno de los contados casos en que su claro mensaje propagandístico fue inspirado directamente por la oficialidad gubernamental.
Una obra en la que vemos una calma tensa previa a los fusilamientos donde en primer plano vemos a Torrijos manteniendo la calma dando la manos a camaradas y otros, abrazándose o con los ojos tapados no sabemos si por miedo o por la paliza previa que les han dado.
Estos fusilamientos creo en mi humilde opinión que es uno de los cuadros más desconocidos del Prado y que no debería ser así, por su belleza, tamaño e historia que hay detrás.
No se si lo habéis visto alguna vez en directo pero si no es así, ir al Prado y si 15€ se os hace caro, recordar que todos los días de 17 a 19 hrs su entradas es gratuita.
Un beso enorme rinconeros y rinconeras y muchas gracias por cada click que están teniendo los post sobre obras de arte. Espero veros mañana en un día especial. Nosotros nos vamos al teatro a ver...
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