Hace unos meses de forma sorpresiva en el Instagram de Sergio Peris Mencheta y Juan Diego Botto me encontré que por última vez y solo durante unas semanas en Madrid y Barcelona volvían a poner sobre las tablas Una noche sin luna. Una obra de teatro que fui a ver a Medina del Campo porque tanto en Madrid capital como en su gira por la comunidad fue imposible conseguir entradas. Por lo que el que era mi novio en el 2022 y yo nos fuimos a un viaje de cultura, amor, turismo y sobre todo respeto y admiración profunda por la figura de Federico García Lorca.
Un Federico que como premonición está en la Plaza de enfrente del Teatro Español, viendo la vida pasar y siendo testigo de como no hemos dejado que se le olvide, porque mientras le leamos o nombremos su vida y obra estará más viva que nunca y eso es lo que pretendieron asesinar quienes le mataron sin razón la madrugada del 18 de agosto hace este año, 90. Noventa años que mataron su cuerpo, pero jamás su obra.
Y menos mal que esta vez no me despiste ni un segundo y conseguí las entradas para una obra que me conmovió, removió, emocionó y hizo que ese amor enlorquecido que siento, siga creciendo.
Una noche sin luna es una pieza conmovedora y sorprendente que nos habla de Lorca desde una sensibilidad del siglo XXI, como si el propio Federico estuviera hoy aquí entre nosotros.
Con esta obra, nos acercamos a los aspectos menos conocidos de la vida y la obra de Federico García Lorca. El viaje que plantea la función no es un viaje arqueológico sino una forma de conocer, a través de su obra, nuestra propia realidad.
La obra recoge entrevistas, charlas y conferencias de Federico García Lorca, así como fragmentos de sus obras y algunos de sus poemas. A través de estos y de la dramaturgia de Juan Diego Botto, es el propio Lorca quien, en primera persona, nos acerca a su mundo.
Con mucha ironía, emotividad y sentido del humor, el autor va relatando su paso por la residencia de estudiantes, las críticas recibidas por Yerma, su experiencia en La Barraca, su relación con la prensa, sus amores, la tensión de sus últimos años y, con todo ello, nos vamos acercando a temas como el papel de la mujer bajo su mirada siempre poética y reivindicativa, la necesidad de la libertad artística y de expresión, la lucha por la libertad de identidad sexual o la importancia de la memoria y las raíces.
Una obra que desde su comienzo, hasta su desarrollo, silencios, música y final no podía dejar de estar atenta y con los ojos bien clavados en un Juan Diego Botto que le recuerdo como algo colosal y real. Respetuoso y veraz. Lorquiano.
Por eso hoy me siento muy emocionada de compartiros que casi cuatro años después de ese primer viaje en tren y como casados, David y yo volveremos a vivir una tarde donde yo me dejaré sorprender, inundar y emocionar del espíritu de Federico porque no em cansó de repetirlo, como dice Ana Bernal en su trilogía sobre el autor, Federico vive.
Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras y deseo que hayáis disfrutado de estos días tanto como nosotros en casa :) :) :) :) :)




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