sombrero.
"Miguel Poveda emprende un viaje real y profundo tras los pasos de Federico García Lorca. No como un homenaje distante, sino como una búsqueda vital: la necesidad de iluminar los lugares que el poeta habitó, de poner placas donde no las hay, de nombrar lo que ha sido olvidado. Pero también —y sobre todo— de entenderse a sí mismo a través de la figura que lo ha marcado desde siempre. A lo largo de varios años, Poveda recorre con el alma abierta las ciudades que forjaron al autor de Poeta en Nueva York: Granada, Madrid, Buenos Aires, Cadaqués, Montevideo, La Habana... En cada parada, el cante, la palabra y la memoria se entrelazan, revelando no solo la huella del poeta, sino también la del hombre que lo busca. En ese cruce entre pasado y presente, entre Lorca y Poveda, surge una conexión íntima e inesperada".
Una hora y media de viaje donde Miguel quiere recorrer los lugares donde estuvo, viajó, comió, representó, habló, conferenció... Federico García Lorca. Un viaje de recuperación de Federico, en donde además de poner placas para identificar esos lugares, Miguel pone nombre a algo que nos une a muchas personas, la admiración por el trabajo de Federico, enlorquecidos. Una palabra que le dijo hace algún tiempo Ian Gibson.
Un viaje donde poner en valor la vida y obra de Federico.
Un viaje donde sentir esos lugares tan de él.
Un viaje donde poner en el centro la memoria de su aportación de valor incalculable a la cultura de nuestro país.
Un viaje donde recorrer los rincones de Federico y también de su familia cuando tuvo que emigrar a EEUU. El viaje a a tumba del padre de Federico es de esas que se et quedan clavadas.
Un viaje por esa pasión y afición.
Un viaje por las cosas que les unen.
Un viaje que termina con un regalo y, es poder formar en el Paseo del Darro un centro sobre la figura y obra de Federico. En esa calle y edificio donde él vivió con su familia.
Una hora y media de emoción, de lugares, de energías comunes que yo hace muchos años comencé a sentir de una forma muy fuerte. Ya de niña mi madre me leía su poesía y ella lo llamaba "su chico" y esa pasión de mi madre la heredé estando total y absolutamente enlorquecida.
Y las benditas casualidades de la vida el fin de semana pasado viendo Un anoche sin luna en el Teatro Español de Madrid pudimos ser testigos de como Miguel Poveda en un momento determinado de la obra pone voz a una escena brutal.
Por favor ir a ver este regalo en forma audiovisual que nos ha hecho Miguel Poveda y ya que estamos leer a Federico porque como se reivindica en Una noche sin luna: somos porque nos recuerdan.
Un beso enorme rinconeros y rinconeras.


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