Cuando me encontré con el trailer hace unas semanas en Netflix y viendo el reparto pensé: madre mía... pero ahora repito esa frase pero para regu -como dice la canción de Siloe-, porque cuando llevaba unos 45 minutos David y yo nos planteamos seriamente pararla, ni la entendíamos, ni nos gustaba, ni le encontrábamos sentido a esa explosión de barbarie con un fuego tan cerca de la nuca.
Tras la muerte de su marido, Mara viaja con su hija Lide, su cuñado, la mujer de éste, y el hijo de ambos a la casa de verano en el bosque para cerrar las heridas del pasado. Lo que iba a ser un intento de cerrar el duelo se convierte en una pesadilla cuando Lide desaparece justo cuando se declara un incendio forestal en la zona. Desesperada, la familia decide adentrarse en el bosque para buscar a la niña. Aislados, sin ayuda oficial y con el fuego cerrándoles el paso, su única esperanza es Santi, el guarda forestal de la zona. Pero a medida que el cerco se estrecha, Mara empieza a sospechar que el incendio no es la única amenaza: alguien está mintiendo.
Todo en ella son:
- Silencios sin explicación.
- Tramas que se abren que nunca se termina de cerrar.
- Un juego de dejarlo todo a una última carta, que a mí por lo menos no me apeteció abrirla.
- Unos personajes vacíos.
Todo rodeado de un fuego que yo esperaba que fuera una alegoría de algo más fuerte, pero no, terminó siendo un sentido que no llega al terror ni al thriller, sino al ridículo.
¿La habéis visto? Pues dentro de todo lo que os he dicho os la recomiendo, porque esta de aquí es solo mi opinión.
Un beso muy fuerte y espero que hayáis disfrutado mucho de estos días de desconexión y calorcito :) :) :) :) :)



No hay comentarios:
Publicar un comentario