Siempre que acabo la peli de Shakespeare in love sentía unas ganas enormes de leerme la obra de teatro con la que inauguro esta nueva semana y que nunca hasta hace unas semanas había tenido en las manos, siendo el primer libro que he leído de mi reciente y esperado carnet de las bibliotecas municipales de Madrid.
Última obra teatral escrita en solitario por Shakespear: La tempestad, pertenece a la serie de piezas de este autor que funden el ámbito de lo real con lo mágico y lo maravilloso. La trama gira en torno a Próspero -duque y mago, quien, traicionado y depuesto, tiene que exiliarse, con su hija Miranda, en una isla desierta en la que pasará doce años- y su relación con el genio Ariel y el bestial Calibán, personajes todos que se cuentan entre las grandes creaciones del dramaturgo. El examen de la relación entre realidad y ficción -«estamos tejidos de idéntica tela que los sueños»-, así como entre el hombre y mago y las criaturas a las que libera, pero también somete, otorgan a esta obra un lugar entre las más universales del autor inglés.
Una obra que me sorprendió por esa mezcla de realismo con la magia.
Una obra que me sorprendió porque de nuevo pone el amor y la venganza en el centro de una trama que se desarrolla en una misteriosa isla.
Una obra que me sorprendió por unos diálogos ágiles, dinámicos y hermosos.
Una obra que me sorprendió por su brevedad y ejecución.
Pero sobre todo una obra que me sorprendió por un final inaudito en las obras de Shakespeare.
Desconozco si la habéis leído pero si no es así, primero poner teatro en vuestras manos y segundo, Shakespeare siempre será de las mejores elecciones en el género.
Y este primer lunes con 42 primaveras de baja por una espero leve recaída del Crohn, os quiero compartir la nueva canción que estrenó Siloé el día de mi cumple y que llevo desde el viernes escuchando en bucle...
:) :) :) :) :)



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