Como os decía ayer al despedirme de vosotros y vosotras, hacía varios meses que no me sentaba para compartir las pelis que voy viendo en casa, en el cine o como en el caso de hoy, que reveo después de unos años.
Pero para sentarme a contaros debo remontarme al año 2002 cuando con 18 años vi la película El otro lado de la cama y me encantó, la frescura, la apuesta a la española de hacer una tragicomedia con números musicales, unos gags que aunque con años miramos con distancia y podemos ver como hemos avanzado como sociedad y no sonaban muy apestosos para esos años... y un reparto que yo ya seguía de cerca: Alberto San Juan, Hector Alterio, Guilermo Toledo, Paz Vega, Natalia Verbeke, Nathalie Pozas...
Muchos de ellos conformaban el grupo teatral Animalario desde 1997, y yo, en esa película no soñaba con conocerlos, sino con estudiar lo mismo que ellos, en la misma escuela y quien sabría si el destino me llevaría a estar dirigida por Andrés Lima. Obviamente ese sueño no se termino de cumplir pero mi respeto y admiración por todos y todas las que conformaron ese grupo teatral, continuo y sigue muy latente en mi porque he tenido la inmensa suerte de poder verlos en varias ocasiones en un teatro, pagar entradas de cine por verles en pantalla grande o darle al PLAY en casa en alguna plataforma donde ellos y ellas salgan.
Quizás lo podríamos denominar amor, pero amor por su oficio, por su forma de realizarlo y por el compromiso social y ético que siempre ha demostrado en sus trabajos y en sus vidas. Puede ser que haya ocasiones que con alguno de ellos no esté de acuerdo en todas sus opiniones, pero el respeto por otras opiniones es algo que aprendí en mi casa desde niña con mis padres.
Hace unos días viendo el catálogo de Netflix, nos encontramos con Todos los lados de la cama y pensamos ¿Por qué no?
Y volver a ver a esos personajes de los que tanto disfrute tantos años después fue un regalo, porque rinconeros y rinconeras, la vida pasa para todos y todas, 20 años parece que no son nada pero en nuestras caras y cuerpos se ven reflejados, y ese sello personal continua tantos años después. Y como dice mi marido: ver a San Juan con a bata de animal print atada en una cuerda negra por encima de algo que podríamos llamar "pequeña barriga" no está pagado.
Pero en medio de estas dos, tuvimos la segunda parte que yo tuve la suerte de ver en el cine con mi amiga Lorena. Mi amiga Lorena, esa compañera de vida que el destino me regalo hace 25 años cuando disimule en la calle Serrano estar subiéndome los calcetines...

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