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domingo, 22 de marzo de 2026

Buceando en mis recuerdos como alivio

Hace unas semanas llegó el diagnóstico a los problemas de estómago que llevo viviendo desde comienzos de diciembre del año pasado: comienzo de la enfermedad de Crohn. Un diagnóstico que esperaba pero que no por ello me dejo muy triste, aunque quizás me lo veía venir desde que hace más de una década me diagnosticaron la Espondilitis anquilosante que muchas veces de mi vida es una dolorosa compañera.

Ha sido un diagnóstico al que todavía no le he dado muchas vueltas, porque ando metida en el tratamiento que me han mandado y porque siento que mi cabeza está bloqueada que no huyendo de la situación. Una enfermedad que me está poniendo en situaciones límites y que como todo, tendré que aprender a vivir con ella y confiar que entre los tratamientos y la forma en la que me he puesto en el centro de mis cuidados, irá mejorando con el paso de los semanas. Porque está siendo duro que cuando creo que estoy mejorando llega una noche y otra vez al servicio, las diarreas, los dolores y ese frío pétreo que se me mete en el cuerpo y no puedo soltar.

Por eso en estos momentos no me estoy refugiando en personas que quiero, aunque primero necesito aceptar que me está pasando. Pero la ayuda de mi marido y bucear en recuerdos felices de mi vida están siendo vitales para que esas noches de dolor sean más soportables.

Recuerdos como:

* Ir a casa de mis tíos, Mari y Serapio, cruzar la puerta y enfilar directa el pasillo para coger la muñeca de mi prima Angelines, que creo que ha sido al único ser humano que se la ha dejado. Cogerla, darme la vuelta y que mi tía me tuviera preparada mi concha Codán. Un recuerdo que me hace sentir muy afortunada con la familia que he tenido, porque me ha cuidado, protegido, enseñado y dejado tantos recuerdos bonitos que a día de hoy solo em salen sonrisas eternas cuando pienso en ellos.

La bata de guatiné rosa de mi yaya. Ese color tan chillón, con ese tacto tan suave y ese olor tan particular que tenía ella, a amor y cariño. Han pasado ocho años desde que falleció y no he dejado de recordarla nunca y de sentir mucho más amor por ella si es posible.

* Recuerdo como estaba deseando tomar las uvas en Nochevieja para salir corriendo a casa de mi tía Maru y Víctor, porque ahí empezaba la fiesta. Ahí empezaba la familia.

Mis tíos eran dos personas muy familiares y llenar su casa de gente nunca fue un agobio y esos recuerdos los vivo como un regalo, porque me formaron como persona y me dejaron darle valor a la familia y los momentos que pasamos con ella. 

Esas noches onde el Bingo o jugar en la terraza cubierta de mis tíos con Diego era uno de los mejores regalos que ha tenido mi infancia. 

"Natalia es pequeña y su mami la quiere

porque es pequeñita, su mami la quiere".

Mi maestra de vida, mi madre, se inventó una nana para mí cuando era  niña y compartíamos horas y horas de conversaciones en la cama y juntábamos "culito con culito".

Tengo muy presente y viva la voz de mi madre y esas eternas caricias en la barriga en noches de gases.

* Mis yayos la primera casa que tuvieron fue un dúplex por lo que cuando me quedaba a dormir tenía super prohibido bajar las escaleras, porque si tenías la mala suerte de caerte si la caída no te mataba lo hacía el radiador de la pared.

Y yo como buena niña, muchas veces esas órdenes las hacía oídos sordos sobre todo si dormía con mis yayos, y cree mi propia forma de bajar con el culo, escalón a escalón. Eso sí la bronca cuando lo descubrían nunca faltaron. Pero es que me encantaba estar sola en los sofás negros de cuero viendo dibujos o leyendo un libro...

* Muchas veces e he parado a pensar de donde nacen mis inseguridades que se vieron muy fuertes en la adolescencia. Y hace un tiempo tuve un flashback de una situación cuando era muy pequeña en el cole al que iba, el Joyfe y jugando a pasar por debajo de las piernas, una compañera, Miriam, me dijo que yo no podía jugar. Me di cuenta del impacto que eso causo en mí. ¿Los comienzos de la inseguridad? Puf no sabría que deciros, pero ese recuerdo muchas veces viene muy vivo a mi cabeza y siempre trato de abrazar a esa pequeña Natalia, que con los años terminó llevándose muy bien con Miriam.

* Partidas inmensas e interminables al Parchis y el monopoly con mi primo Rubén, que fue el gran compañera de mi infancia.

Ese horrendo despertador blanco que solo se apagaba si te levantabas y le quitabas el botón de atrás, mientras sonaba mi tío Fernando con eld edo del pie le apagaba de arriba pero solo durante 10 minutos... Y es que aquí debo hacer un alto porque gracias a mi tío he pasado una infancia muy feliz con un compañero de juegos y secretos. 

Y así podría ir compartiendo miles de recuerdos que me vienen al corazón y que en estas semanas de contradicciones y tristeza me acompañan cada mañana para poder levantarme de la cama. Porque como dice Orozco en una de sus canciones "estamos hechos de pedacitos" y en mi caso, pedacitos de mi infancia, adolescencia y una edad madura a la que he llegado no en la mejor forma física pero si con la mente y voluntad abierta a disfrutar de cada segundo de vida que es lo único en lo que no podemos mandar.

Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras y espero veros mañana en una nueva semana después de un fin de semana de amigas vitamina con las que recargar energías y reír, que es de las mejores terapias que existen.

:) :) :) :) :)

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