Este lunes he decidido que sea diferente porque desde hace dos años el 12 de octubre tiene un nombre propio. Un nombre que eligieron unos padres que soñaban con tener hijos o hijas. Y que hoy hace dos años y después de varios días de parto, en un día que llovió lo más grande nació él, Alejandro.
Un nombre que desde ese 12 de octubre de 2024 forma parte de nuestras vidas, de nuestros planes, de nuestros sueños...
A su madre, Lorena la conozco desde hace más de 25 años cuando el destino me regaló a la que sería mi mejor amiga, esa pieza fundamental que conforma mi puzzle vital. No podría haber vivido estos 25 años sin ella, su fuerza, sinceridad, humor, lealtad, amor, compañía... todos mis altos más pronunciados y pozos más profundos los he vivido con ella, y eso que yo soy una persona que cuando está mal no me gusta compartirlo, pero con el paso de los años he asumido que eso es la amistad, estar en las buenas pero sobre todo en las malas. Y las hemos vivido de muchos colores, y ahí ha estado siempre.
Recuerdo ese whatsap de Lorena en el que me contaba que estaba embarazada, como según le di al PLAY note que esa voz era diferente y que esa mujer a la que tanto quiero, iba a emprender la aventura de su vida, ser mamá. Pero ser mamá en la mejor compañía soñada, porque su futuro marido, José es el mejor compañero de viaje que la vida le ha regalado. Una pareja que se complementa, que se suma y que en estos dos años están viviendo ser padres desde la responsabilidad, el amor, el cansancio, la compañía y la fuerza de una pareja que sabe que su hijo es de los dos, a partes iguales y así lo muestran y viven cada día de estos dos años apasionantes. Duros pero apasionantes.
Poder vivir el embarazo con ella fue un regalo indescriptible, al que dos años después todavía no le puedo poner palabras, porque antes de saber que era un niño ya le queríamos porque era él, fruto del amor de dos personas que son inmensamente felices juntas.
Recuerdo cuando Lorena nos contó que era un niño, y yo dije: un caballerete... Y con este nombre se ha quedado ese ya no tan bebé que crece por segundos, que nos regala sonrisas inmensas, un carácter que va mostrando desde hace tiempo, y lo que es más apasionante, vivir vida a través de esos ojos en los que hay tanta vida.
Era imposible no quererle desde el primer segundo, porque era el hijo de ella, de esa mujer tan importante para mí, y saber que tanto ella como su futuro marido, nos iban a dejar compartir momentos con ellos, nos hace inmensamente felices.
Su parto fue largo, pero recuerdo esa última conversación antes de que Alejandro viniera a nuestro mundo fue emocionante, bonita, llena de lágrimas y amor entre dos personas que se conocen desde jóvenes y que saben que la vida va a ser diferente porque él ya llega.
La emoción de ver esa primera foto de ellos de madrugada después de no haber podido dormir por los nervios, es de los instantes más emocionantes y bonitos de esos 40 años que tenía en ese momento. Ver la cara entre la felicidad y el cansancio de sus padres y verle a él, al que tantas veces habíamos soñado de como sería, que carácter tendría, que le gustaría... Alejandro había llegado y no se explicar la emoción que sentí cuando en el Hospital la Paz fuimos a conocerle y vimos a Lorena, ya siendo madre, desprendía cansancio, pero belleza. Una belleza tranquila y serena que la hacia tener su cara llena de luz. ¿Y ver a Alejandro? una pasada, con ese olor tan bonito, esa vulnerabilidad que da ser recién nacido y sabiendo que ese amor era de por vida.
Dos años de planes alrededor de ese caballerete sonriente y feliz.
Dos años de verle comer, cambiar, enfadar y bañar.
Dos años de ver como se va creciendo ese cuerpo y desarrollando ese carácter que explota de forma tierna cuando el hambre le llama y quiere su "Bi".
Dos años que han pasado super rápido y en los que lo más bonito es pensar en la vida que le espera, en la que el amor de su familia y de los amigos siempre va a estar a su lado. Verle andar y que te de la mano es una sensación tan bestia...
Así que en este post de hoy solo dar las gracias a sus padres por dejarnos compartir su vida y a él, al caballerete, gracias por venir a alegrarnosla, te queremos mucho bebe.
Un beso muy fuerte rinconeros y rinconeras, y en este día festivo solo esperar que descanséis y que viváis :)





























